Montañas
Había una vez un niñito rubito y de grandes ojos azules que vivía en el norte del mundo. Todo era llano, el horizonte acababa donde no llegaba su vista. Su alrededor estaba cubierto por una espesa capa de nieve y el sol salía unas pocas horas, para recordar que aún no había desaparecido del todo.
¿Os imaginais a este niño finlandés viajando al mediterraneo? Aún recuerdo lo impactada que me quedé cuando volví a Barcelona y ví que teníamos montañas. Esta vez me parecían diferentes. Había casas y edificios en ellas, y de vez en cuando alguién había sido misericordioso con algún árbol que aún se mantiene en pie.
Cuando no hay montañas, todo es llano y se ve el final o si más no, el final lo marca tu vista, no algo externo.
Volviendo aquí, me he encontrado montañas, las montañas políticas que quieren que el futuro de la informática en España quede desdibujado. Ninguna ley marcará cuales son las competencias educativas de estos estudios, y el BOE que lo define hoy en día quedará obsoleto por la entrada en vigor de la nueva ley en educaciones superiores. Así que ya ven amigos, vivo en un país en el cual nos encanta destruir las auténticas montañas y construir nuevas, las que realmente impiden el camino.
Creo que ya es hora que me despida, pues yo superé una montaña de este pico que es la vida. Mi estancia fuera ha acabado teniendo el peso de una montaña pero las ventajas de una llanura.
Gracias a todos aquellos que me han leido. Siempre quise ser escritora, pero nunca he tenido la valentía para hacerlo, quizás algún día suba esa montaña.
Y cúal es la conclusión de estos meses, despues de Erasmus. Pues que aquí poco cambia, todo es rutina. Nos cuesta más movernos y abrirnos a los demás, nos perdemos muchas cosas.